El Museo de Bellas Artes


 El presente texto es tomado de una publicación editada en el año de 1955, por la Dirección de Turismo del Estado de México. La tipografía pertenece a la Escuela de Artes y Oficios (EDAYO).


 
"Uno de los sitios dignos de ser visitados por el viajero que llega a Toluca, es el Museo de Bellas Artes, que cuenta con valiosas colecciones de pintura colonial y moderna, y con una interesante colección de charrería, única en el país.
Ubicado en céntrico lugar, junto al templo del Carmen, en un edificio colonial que antiguamente fue pertenencia de la orden carmelitana, el Museo de Bellas Artes abre sus puertas a la calle, en Cura Merlín No. 16, a corta distancia del Museo de Arqueología, que guarda inapreciables tesoros de las culturas prehispánicas.
El Museo no es ni con mucho tan antiguo como el edificio en que se alberga, que data del siglo XVIII, y cuya maciza arquitectura, en la que entran como elementos principales, techumbres de gruesas vigas, bóvedas de cañón, arcos de medio punto, escaleras conventuales, etc., nos hacen añorar los interiores de otros edificios que, aunque construidos en esa lejana época, se yerguen aún desafiando los embates del tiempo.
Consta el edificio de dos plantas, una alta y baja la otra, que se comunican entre sí por una ancha escalera hecha toda de piedra, cuyos peldaños de amplia huella, son un primor por la comodidad con la que por ellos se asciende, casi sin esfuerzo alguno.
En la primera de estas plantas luce sus reflejos acerados una interesante colección de armaduras del siglo XVI, y sus colores desteñidos otra de banderas napoleónicas, compradas a un anticuario neoyorquino que las adquirió en Europa poco antes de que comenzase la segunda guerra mundial.
En la misma planta, ya bajo un palio de bóvedas del más puro sabor colonial, ya en las amplias paredes de los corredores, se encuentran obras representativas del arte pictórico de la época colonial, del siglo pasado, y de los tiempos actuales.
Casi todos los cuadros de la Colonia son de temas religiosos y no faltan los de firmas ilustres como las de Cabrera y Villalpando.
El siglo XIX también está allí representado por algunos cuadros de pintores europeos, y de mexicanos de renombre otros, como José María Velasco, gran paisajista nativo del Estado, y Felipe Santiago Gutiérrez y Luis Coto.
Nombres como los de Pastor Velázquez, Abel Gómez, Eduardo Hidalgo, S. Amador, Jesús Morales, Esteban Nava R., y Próspero Tenorio, representan la pintura moderna de México. El grabado, por cuyos artífices nuestro país ha alcanzado renombre internacional y que ha sido elogiado por la crítica extranjera más rigurosa, está presente en algunas obras de Julio Prieto, Mauricio Yáñez, Manuel Echauri, Emilio Vera, Francisco Vázquez y Francisco Amador.
Lugar aparte merecen las producciones del pintor y dibujante Isidro Martínez, cuyas obras más representativas en este Museo, son una en la que los súbditos de Moctezuma le muestran una serie de dibujos a los conquistadores, de sus bajeles y de sus cañones; y otra que representa a la princesa Papantzin volviendo del profundo sopor de que cuenta la leyenda.
El salón de charrería, uno de los que más llaman la atención de los visitantes, ofrece una rica y artística colección de estribos de madera tallada, hechos en la época colonial, lo mismo que otra de sombreros de charro. Monturas, gualdrapas, espuelas de diversas figuras, realizadas con maestría y primor, y cuadros con escenas de charrería, dos, pequeños, de Icaza, y otros que son copias del mismo pintor, completan este hermoso salón. También hay un retrato de grandes proporciones, que representa al marqués de San Basilio.
En la estancia de la escalera y en la planta alta, merecen la atención varias estatuas de santos talladas en madera de cerezo, y un gobelino de no escaso valor artístico.
Del mismo modo que el grabado, la fotografía tiene también su lugar en este Museo. Los mejores artistas de la fotografía en el Estado, donaron fotos de los rincones más hermosos, y de los monumentos coloniales más interesantes de la misma Entidad. Valle de Bravo con sus poéticas callejas y su Risco encantado; Ixtapan de la Sal con sus baños prodigiosos; Malinalco con sus interesantes ruinas prehispánicas y sus paisajes de ensueño; Tonatico con su salto de Tzumpantitlán; Sultepec con sus viejas construcciones religiosas, y Tejupilco con el embrujo de sus huertas, se encuentran aquí captados para pasmo de quienes sienten la belleza.
Es esto algo de lo poco con que cuenta el Museo de Bellas Artes y el de Arte Popular, constituyen uno de los más interesantes atractivos para el viajero que llega a la acogedora ciudad que custodia el viejo Xinantécalt."




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